Con sus más de 1.350 millones de habitantes, China es un país donde, inevitablemente, todo se hace a lo grande. La llegada del verano implica el fin del curso escolar, y con él, el durísimo examen de acceso a la universidad, conocido allí con el nombre de "gaokao", literalmente "batalla del porvenir": los alumnos se juegan en dos días su posibilidad de tener un hueco en la educación superior.
La principal diferencia entre esa prueba y los procesos de selectividad en otros países es el número de participantes: casi 10 millones de estudiantes. Tan inmensa cantidad de candidatos implica que la exigencia sea muy alta; mientras algunos se encomiendan a todas las divinidades del cielo, otros optan por intentar la trampa con ayudas tecnológicas que no siempre pasan desapercibidas.
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| El volumen de material que hay que estudiar es enorme. A algunos les cuesta aguantar el ritmo. |
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| Una de las pruebas más valoradas, y por tanto más exigentes, es la de dibujo. Un grupo numeroso de alumnos esboza sus bocetos. |
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| Los estudiantes se esfuerzan duramente por mantener la concentración en un examen que puede cambiar sus vidas. |
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| Es tal la cantidad de estudiantes que se presentan que muchas veces no hay pupitres para todos y se tienen que acomodar como pueden. |
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| El gaokao es tan importante y competitivo que, en fechas previas, los institutos convocan actividades específicas para desahogar la tensión y subir su moral. Una costumbre es que los profesores entreguen a los alumnos billetes de cinco yuanes (unos 70 céntimos de euro), que se considera que traen buena suerte. |
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| Las sesiones previas de motivación son auténticas dinámicas de grupo en las que los jóvenes liberan su ansiedad al ritmo de canciones y gritos. |
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| Los profesores se implican mucho en el examen de sus alumnos. No dudan en empapelar el instituto con carteles y en ondear banderas con mensajes de ánimo. |
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| Algunas de estas demostraciones de apoyo a los alumnos acaban convirtiéndose en auténticas manifestaciones callejeras. |
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| En previsión de incidentes, el gobierno monta férreos controles policiales que sólo permiten la entrada a los estudiantes que se van a examinar y al personal que se encargará de la gestión de la prueba. |
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| Algunos candidatos intentan jugar sucio. Un oficial de policía muestra unas gafas que incorporan una cámara oculta y un receptor pegado a una moneda, confiscados a uno de los alumnos. |
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| La sanción de tres años sin poder volver a presentarse a los que se pesque copiando no asusta a muchos jóvenes, que han desarrollado métodos muy imaginativos. Las autoridades requisan aparatos como un bolígrafo con cámara incorporada, o un transmisor camuflado en forma de goma de borrar. |
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| Los dispositivos para el chivatazo casi parecen sacados de películas de espías. Las autoridades encontraron este sistema, compuesto por dos baterías, un teléfono móvil y un receptor, integrado en la ropa de una alumna. |
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| Tal es la sofisticación que se ha llegado al punto de que los examinadores deben registrar a los alumnos con un detector de metales antes de que entren a las aulas. |
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| En el exterior, los padres pasan casi más nervios que los propios adolescentes que se examinan. Un grupo de familiares espera tras un cordón de seguridad a que finalice la prueba. |
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| A la finalización de los exámenes se producen auténticas estampidas de estudiantes que salen de los institutos donde se han desarrollado las pruebas. |
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| Al acabar el gaokao, algunos estudiantes salen con cara de alegría, y otros con decepción, en función de cómo les haya salido. Lo que todos comparten es una gran sensación de alivio por haberse quitado tan tremendo peso de encima. |
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